El ponente de esta sesión fue Robert Salomon, profesor y miembro de la facultad de Management Internacional en la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York, y también vicedecano de este centro y decano de sus programas ejecutivos. 

Para el profesor Salomon una de las vías hacia el éxito para los inversores internacionales pasa por una adecuada percepción y gestión de las diferencias sociales, políticas, institucionales y económicas entre países. Su método se basa en el uso de datos selectos para obtener conocimiento y poder tomar mejores decisiones.

UN PONENTE DE REFERENCIA

El presidente de C2G, Francesc Homs, recordó durante la presentación la triple condición del ponente como “investigador, educador y autor”. Estas tres cualidades se confunden y se enriquecen mutuamente en Robert Salomon, que ha divulgado sus tesis en numerosas publicaciones, además de participar a menudo en programas de televisión y otros medios de comunicación. 

El prestigioso Wall Street Journal ha reconocido desde sus páginas el talento de Salomon para evaluar la globalización y sus riesgos para las empresas que deciden instalarse más allá de sus fronteras. Además, Robert Salomon ha recibido diferentes premios por sus trabajos de investigación en negocios internacionales y su ensayo Global Vision fue elegido como una de las mejores obras en el ámbito empresarial en 2016.

Antes de la ponencia de Robert Salomon, Fernando San Martín, director de negocio digital e innovación de CESCE, habló del aprendizaje sobre la incertidumbre y el riesgo que ha supuesto la pandemia, señalando que ha sido un recordatorio de “cómo las reglas del juego pueden cambiar de forma dramática”. Aunque también se refirió a otros factores significativos en este mismo ámbito, como las disputas comerciales entre EE UU y China. Esta situación da pleno sentido a los trabajos realizados por Robert Salomon.

CONCEPTOS ASUMIDOS Y REALIDADES

Según Robert Salomon, en la mente de empresarios e inversores existen unos conceptos muy asumidos desde hace años respecto a la globalización. Básicamente son tres: que el mundo se está globalizando a pasos acelerados; que las fronteras cada vez son más irrelevantes y que las empresas que no se globalicen se quedarán atrás.

En cierto modo estos conceptos han sido avalados por la realidad. En efecto la globalización ha ido muy rápido en las últimas décadas y el crecimiento en inversión global –con sus altos y sus bajos– ha seguido una línea claramente ascendente que incluso ha superado (en porcentaje de crecimiento) al de la propia economía global. 

Esto ha ocurrido porque los ejecutivos, y los decisión-makers en general, han tendido a sobrevalorar la globalización y minusvalorar los riesgos asociados a ella.

La realidad ofrece también la otra cara de la moneda: las compañías deben luchar en muchos frentes para mantenerse en los mercados globales. Algunos factores relevantes en esta lucha son: el tiempo para poner en marcha los negocios; los costes salariales; los problemas legales (demandas y violaciones de normas); las posibilidades de fracaso; la productividad y la rentabilidad. 

Según Robert Salomon es difícil que todos estos factores vayan bien a la vez y, de hecho, suelen generar muchos riesgos que a veces se traducen en problemas para las compañías.

El RIESGO EN ALGUNAS CIFRAS

Robert Salomon ha estudiado todos estos riesgos y ha llegado a la conclusión que las compañías globales muchas veces generan unos gastos que pueden lastrar el rendimiento de la organización. Concretamente, estos gastos tienden a ser más elevados que los de las compañías locales: entre un 10 15% superiores. Asimismo, a las globales les cuesta montar sus negocios entre 2 y 3 meses más.

El porcentaje de empresas globales con problemas legales y con multas por violaciones de distintas normas es superior al de las empresas locales. Todos estos gastos adicionales pueden hacer quebrar a las sucursales de las empresas globales. De hecho, la probabilidad de tener que cerrarlas es elevado.


Robert Salomon señaló que esto no significa que siempre haya fracasos. En este sentido subrayó que hay distintos casos de éxito en muchas inversiones en el exterior, pero aún en estos casos –matizó– se trata de éxitos con márgenes más bajos e incluso con una productividad menor que en la compañía matriz.

Para ilustrar este punto, Salomon citó los casos de compañías muy conocidas cuya actividad en el extranjero puede ser calificada de exitosa, si bien no está exenta de problemas. Así, por ejemplo, Uber ha sido expulsada de algunos países europeos. Starbucks en Japón obtiene la mitad de margen de beneficios que en los Estados Unidos. Netflix tiene unos márgenes del 50% en EEUU, pero fuera de su país de origen solo llegan al 9%. 

¿SE PUEDE PONER PRECIO AL RIESGO?

La razón que explica las dificultades expuestas se resume en un concepto: diferencias institucionales. En la nomenclatura utilizada por Robert Salomon esta denominación no se refiere exclusivamente a las instituciones políticas. Las incluye, pero también comprende el sistema económico y los aspectos culturales propios de cada país.

Los costes adicionales para las empresas fuera de su país se basan en estas diferencias que pueden ser calificadas también como el lastre de extranjería.

Una vez identificada la razón para esos costes adicionales, el siguiente paso es tratar de ponerle un precio al riesgo. ¿Es posible hacerlo? Para Robert Salomon sí ya que todo aquello que se puede medir puede recibir un precio. Y las instituciones (política, economía, cultura) pueden medirse. La buena noticia en este ámbito es que nunca habíamos tenido tantos datos sobre la realidad.

Robert Salomon mostró algunos de los recopiladores de datos más importantes para cada uno de los tres ámbitos relevantes. En el cultural, por ejemplo, citó el World Values Survey. En el político el Fragile States Index, que mide el riesgo y la vulnerabilidad en 178 países. Y en el económico el Global Competitiveness Report

Estas bases de datos y otras parecidas deben ser vistas como instrumentos de primer orden para evaluar el riesgo y traducirlo a datos económicos relevantes para las decisiones de las empresas con vocación global.

EL ALGORITMO DEL RIESGO

Partiendo de todas estas fuentes, Robert Salomon fue capaz de crear un algoritmo hace 15 años basado en los datos que proporcionan. A pesar de la enorme cantidad de información disponible y de la complejidad de las interacciones, el algoritmo es fácil de usar por parte de cualquier persona u organización.

Su funcionamiento se basa en elegir un país de origen y un país de destino (se pueden seleccionar hasta 61 países del mundo) y aplicando distintos índices y tasas se obtiene un resultado del nivel de riesgo que supone una inversión del país A en el país B. 


Con ello se pueden comparar los riesgos de inversión en distintos países considerados desde otros países. Sin embargo, el algoritmo no es simétrico: esto quiere decir que el nivel de riesgo de un inversor norteamericano en Rusia no es el mismo que el de un inversor ruso en EE.UU.   

Una diferencia relevante de este algoritmo, comparado con sistemas tradicionales de evaluación de riesgo para inversiones, es que, en la mayoría de estos sistemas, el riesgo atribuido a un país es absoluto, mientras que en el algoritmo de Robert Salomon es relativo. Esto significa que el riesgo de un país de destino varía notablemente en función del país de origen.  

De hecho, esta última característica es consistente con el concepto de las diferencias institucionales. El riesgo de invertir en Rusia es más elevado para una compañía americana que para una ucraniana porque las similitudes institucionales de Ucrania con Rusia son mayores. El riesgo para la misma compañía americana en el Reino Unido es muy bajo (afinidad de lengua, cultura, instituciones democráticas) mientras que para una rusa es bastante más elevada. 

El algoritmo del riesgo es útil en el ámbito de las finanzas corporativas, así como para las compañías de seguros y para el seguimiento de la evolución de los países.

 Evidentemente, el riesgo cero no existe y no se pueden prever todos los acontecimientos, pero, al haber escogido fuentes de datos muy fiables, y debido al hecho que el algoritmo se nutre de datos continuamente, su apreciación sobre el riesgo resulta altamente fiable y se puede customizar para un amplio abanico de usuarios.